La octava maravilla se inscribe entre las novelas " que suelen ser aventuras de la imaginación filosófica", como afirma Adolfo Bioy Casares en su prólogo. Alberto Paradella, un abogado atrapado por el mandato social y un matrimonio camino a la ruina, decide simular que escribe una novela para construirse un refugio de papel. Sin embargo, la ficción protectora se desmorona cuando debe trasladarse de una Buenos Aires sofocante a la llovizna helada de Berlín y, en ese trance que es el viaje, se vuelve testigo del misterio que une el tiempo y el espacio, el barrio conocido y los parajes remotos, la magia del cine, el sueño y la vigilia. Con una prosa de sutil bordado, Vlady Kociancich utiliza lo fantástico no como un golpe de efecto, sino como un mecanismo narrativo: las grietas de lo cotidiano se abren como abismos diminutos ante un hombre partido en dos, borrando los límites entre el delirio y el relato. Una obra deslumbrante que nos revela que este mundo, esta vida, esta existencia no son tan sólidos como creemos.