S. es bosnia y está en un hospital de Estocolmo, donde ha dado a luz un niño. ¿Por qué sólo siente indiferencia, y hasta se imagina sofocándolo con una almohada? No quiere ni siquiera verlo, y antes de que naciera ya lo había dispuesto todo para darlo en adopción. Pero ella casi no habla sueco, se produce un malentendido y las enfermeras lo dejan a su lado. Aquello abre las puertas de la memoria y S., en la cama del hospital, recuerda el verano de 1992, cuando los soldados serbios ocuparon el pueblo en el que ella vivía y trabajaba como maestra, y comenzó entonces su periplo por uno de los últimos infiernos del siglo XX. Slavenka Drakulic llevó a cabo cientos de entrevistas para escribir lo que, en un principio, iba a ser un libro de no ficción. Pero el mero testimonio de mujeres que, con extrema reticencia y pudor, hablaban de sus atroces experiencias, no bastaba para dar cuenta de aquel horror. Han sido necesarios todos los recursos de la ficción y la voz desnuda, estremecedora, implacablemente verdadera de una S. ficticia, para iluminar una realidad banalizada por las infinitas pantallas de los televisores. « Drakulic no nos permite la ignorancia. Su novela no es alentadora, sino necesaria. Nos lleva a lugares adonde la CNN nunca llega. Lean este libro, si se atreven» (Bella Bathurst, The Scotman ). « Una novela poderosa, abismal, que hurga en la tortuosa realidad de la guerra que hizo estallar a la antigua Yugoslavia» ( San Francisco Chronicle ). « Slavenka Drakulic es una escritora valiente y apasionada, una voz a la que hay que creer en medio del eco de tantas mentiras. Con este libro nos lleva al verdadero corazón de las tinieblas de los Balcanes y luego, otra vez, lentamente, hacia la luz. Es ficción con la incontestable autoridad de lo verdadero» (Michael lgnatieff). « Una novela magníficamente escrita, pero también un importante documento histórico que en más de una ocasión nos recuerda a Primo Levi. Altamente recomendable» (Mírela Roncevic, Library Journal ). « Una prosa despojada y sin metáforas, que deja al horror hablar por sí mismo» (Rand Richard Cooper, The New York Times Book Review ). « Ésta es una novela radicalmente impura -no es por completo una novela, no es enteramente periodismo-, pero, ¿de qué otra manera escribir sobre una guerra que se libró sobre las perversas nociones de lo puro y de lo impuro?» (Roz Kaveney, Times Literary Supplement ).