"¿Acaso no te lo dije, Anna? La muerte no vendrá a por ti" Inglaterra, 1185: Anna está acostumbrada al hambre y a las penurias. Desde los diecisiete años, cuando una enfermedad de piel confundida con la lepra la forzó a apartarse de la sociedad, ha pasado más de una década luchando por sobrevivir sola y en el exilio. Entonces, un único acto de bondad hacia un bello desconocido y el sabor de un melocotón divino cambian la vida de Anna para siempre. De repente, su cuerpo es tan indemne al tiempo como a la destrucción. Mientras observa cómo el mundo cambia a su alrededor, sabiendo que toda conexión humana es temporal, sólo una persona volverá a ella siempre, sin importar los años o la distancia: el dios mutante que la hizo inmortal. Sin embargo, Anna desconoce las repercusiones de la inmortalidad, y a medida que recorre las centurias, descubrirá la belleza —y el peligro— de una vida sin fin.