Tras nueve años de preparativos y nueve más de laboriosa redacción, el narrador ha logrado casi concluir su opera prima , una extensa novela que abarca más de ochocientas prolijas páginas. Sólo le falta la última frase, el colofón, el final de la novela . Como único desenlace plausible se le ocurre matar al protagonista, haciendo que éste se suicide. Pero llegado a este punto se da cuenta de que su libro no es más que una vana enciclopedia de la diversidad; y como sabe que el lector no siente interés por quien todo lo sabe, decide emprender un implacable e hilarante proceso de eliminación de todo lo superfluo para dejar sólo lo esencial... Krüger describe con ironía y humor el fracaso de un narrador debido a su propia culpa y al caos del protagonista; por un lado, le falta la necesaria imaginación productiva y, por otro, él mismo es un pálido antihéroe. De esta discrepancia entre realidad y ficción nace gran parte de la comicidad de este relato, interesante intento en el sorprendente arte de no escribir una novela. Sólo resta la palabra « fin» como la sonrisa sin gato de Lewis Carroll.